Goa, fusión India y Portuguesa

A 580 km al sur de Bombay se encuentra el estado indio más pequeño y próspero de toda la nación.

Se trata de Goa, el último en incorporarse a la Unión India, hace ahora 52 años. Goa es una isla cultural dentro del país. Los goanos son en su mayoritaria católicos, mestizos de blanco e indio e, incluso, es muy frecuente ver cómo muchas mujeres usan ropas occidentales en lugar del típico sari. Todo ello es fruto de una larga colonización portuguesa que empezó en 1510, cuando llegó a estas costas la primera expedición de marinos y comerciantes lusos en su afán por controlar la ruta de las especias.

El norte del estado está lleno de resorts de playa a los que acuden durante el invierno turistas del norte de Europa, hijos y nietos de los primeros hippies de los años sesenta que encontraron en estas hermosas playas del Mar de Arabia su paraíso particular.

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Pero la cara más auténtica de Goa hay que buscarla en sus ciudades coloniales, ubicadas a la orilla del río Mandovi, y en las playas situadas al sur del río.

La manera más rápida de llegar desde Bombay es en avión hasta el aeropuerto de Dabolim, a 29 km de Panaji o Panjim, la capital y punto de partida de esta ruta.

Panjim es diferente a lo visto en Bombay, menos caótico. La estética portuguesa de los edificios ayuda también a sentirse más cerca de casa, igual que la abundante cantidad de iglesias con la que uno se va topando.

La más visible es la de la Inmaculada Concepción, en lo alto de una colina y totalmente encalada, y de aspecto similar a una tarta nupcial. Esta iglesia, construida en 1541, fue un lugar importante antiguamente, ya que era el primer lugar cristiano que se encontraban los marinos portugueses tras meses de travesía desde Lisboa.

Durante el paseo por el centro de Panjim vas a descubrir edificios portugueses con azulejos como los del Instituto Menezes Braganza, ahora biblioteca pública, o el edificio del Secretariado, que fue la Casa del Gobernador de la colonia hasta la ocupación india del territorio. El Secretariado está a la orilla del río Mandovi, donde se pueden ver los barcos-casino y algunos de los cruceros que recorren el río.

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A orillas del arroyo Ourem, antes de desembocar en el Mondovi, está el barrio de Fontainhas, formado por callejuelas de casitas de colores y mansiones coloniales portuguesas convertidas en hoteles y restaurantes.

A sólo 9 km de Panjim, río adentro, está la Old Goa, las ruinas de la que fue gran capital de la india portuguesa hasta que la malaria y el cólera hicieron de esta un lugar inhabitable, abandonado en 1845. Solo han logrado permanecer en pie las iglesias y el Arco del Virrey, puerta de entrada a la ciudad desde el embarcadero.

La Vieja Goa llegó a sumar 200.000 habitantes y hasta ella fueron los evangelizadores de todas las órdenes religiosas que levantaron iglesias barrocas dignas de estar en Europa. Una de estas órdenes fue la de los Jesuitas, uno de cuyos grandes hombres y patrón de Goa, el navarro San Francisco Javier, continúa de cuerpo presente en la Basílica del Buen Jesús. Su cuerpo disecado está expuesto dentro de una urna de cristal que preside un mausoleo ante el que siempre hay fieles.

Cada 10 años, el 3 de diciembre, una procesión solemne y masiva recorre el camino que separa la Basílica de la Sé Catedral, la más grande de Asia, levantada en 1562 por orden del rey Don Sebastián de Portugal. Precisamente, la próxima cita con Francisco Javier en las calles de Goa será en diciembre de 2014.

Antes de volver a tu hotel, no dejes de visitar la Iglesia de San Cayetano, terminada en 1661, cuya cúpula es una réplica en miniatura de la de la Basílica de San Pedro de Roma.

Escondrijos increíbles

Al sur del estado de Goa están las mejores playas, algunas de ellas justo al lado de magníficos hoteles de lujo en los que te puedes alojar por un buen precio. Alila Diwa Goa, establecimiento integrado en la red Design Hotels (doble desde 140 euros), es uno de ellos. Está semioculto entre cocoteros y arrozales, y a solo unos cientos de metros de la playa solitaria de Majorda. Cuenta con 153 habitaciones, varios restaurantes y una infinity pool que se confunde con el arrozal. Si queres descubrir la Goa menos turística solo tendrás que salir del recinto e integrarte en la comunidad local que habita en este cocotero atravesado por caminitos moteados de decadentes villas coloreadas de rosa y capillas que lo mismo honran a San Antonio, patrón de Lisboa, que a Shiva, uno de los dioses de la trinidad hinduista.

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El recorrido puedes hacerlo caminando o en bicicleta, alquilando una a alguno de los vecinos del cocotal con los que puedes contactar a través de la recepción del hotel.

Gastronomía de fusión

La cocina de Goa tiene mucha mezcla. Los ingredientes indios (arroz, coco, especias, chile…) se unen con otros traídos por los portugueses. Entre las muchas especialidades está el xacuti, una variante local del curry hecho con coco y carne; el balchão, guiso hecho con una salsa procedente de Macao que se acompaña de gambas; o el tradicional bhaji-pau, un pan empapado en curry vegetariano que se suele tomar para desayunar. Para conocer, oler y tocar todos los ingredientes que hacen de la gastronomía de Goa algo especial, puedes visitar el Mercado Municipal de Panjim, uno de los más coloridos y ordenados que te vas a encontrar en este viaje.

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